El
respeto como la honestidad y la responsabilidad son valores fundamentales para
hacer posibles las relaciones de convivencia y comunicación eficaz entre las
personas ya que son condición indispensable para el surgimiento de la confianza
en las comunidades sociales.
Probablemente,
la falta del respeto ha acrecentado por el excesivo énfasis que hemos puesto a
la libertad y los derechos de los individuos con el olvido de la
responsabilidad y el deber como contra parte complementaria. De una forma u
otra, la libertad parece despojarnos de nuestra responsabilidad para con el
bien de los demás, es una excusa para la indiferencia y una puerta hacia el
incumplimiento del deber.
Hemos
creado una interpretación muy generalizada de que nuestro individualismo es
“sagrado” que al sentirnos dueños de nuestra propia manera muy personal de
interpretar al mundo, podemos criticar a quien sea, y ridiculizar a la persona
que represente cualquier autoridad. De la misma manera que nos sentimos con el
derecho de no respetar normas, ni política, ya que las normas y las políticas
fueron hechas en base a una autonomía de la conciencia.
Está en
mi valoración con respecto del objeto o de la persona el respetarlo o no
respetarlo, por ello es importante agregar el amor a los valores de los que se
es responsable. La palabra responsabilidad significa que yo puedo responder por
mis acciones y solamente se entiende en el sentido de interpretar la libertad
como poder respetar o no respetar aquello que es valioso. Pero no por ello
quiero decir que podemos juzgar a simple vista que merece ser respetado y que no,
esa potestad no la tenemos nosotros los seres humanos, lo que sí es una realidad es que podemos
elegir respetar o no. En base a nuestros valores, podemos discernir que acción es
mejor, cual entrega más paz interna y cual es más fructífera en nuestras
relaciones sociales.
Aquí les mostramos un vídeo de cosas que quizás pensamos sin darnos cuenta y las decimos pero que realmente son una desconsideración y una falta de respeto.







